Una leche asada casera, suave y cremosa, preparada con huevos frescos de campo, leche entera, crema y leche condensada. El secreto está en mezclar con calma, colar bien la preparación y hornear lento, para lograr una textura más entera, pareja y delicada.
Esta leche asada cremosa estilo La Gallinita es un postre casero, suave y lleno de sabor. Preparada con huevos frescos de campo, leche entera, crema y leche condensada, logra una textura delicada cuando se mezcla con calma, se cuela bien y se hornea lentamente.
Una receta simple, familiar y perfecta para disfrutar el verdadero sabor de los productos del campo.
Primero preparar el caramelo, para que pueda reposar y enfriarse mientras hacemos la mezcla de la leche asada.
En una olla, agregar el azúcar junto con el agua fría. Llevar a fuego bajo y mover la olla suavemente en círculos para ayudar a disolver el azúcar, sin revolver con cuchara.
Cuando la mezcla comience a hervir, hay que poner mucha atención, porque el caramelo cambia de color rápido. Una vez que tome un tono dorado intenso, agregar con mucho cuidado el agua hirviendo.
Importante: agregar el agua hirviendo lentamente, porque el caramelo puede burbujear fuerte y provocar quemaduras.
Desde ese momento se puede revolver suavemente con una cuchara, ayudando a despegar el caramelo más firme del fondo de la olla. Cocinar unos minutos más, hasta que el exceso de agua comience a evaporarse y el caramelo tome más textura.
Verter el caramelo en la fuente o asadera, cubriendo bien el fondo y los bordes. Esto ayudará a que la leche asada no se pegue y quede con una capa dulce al servir.
En un bowl grande, juntar la leche entera, la leche condensada, la crema, los huevos y la esencia de vainilla.
Mezclar suavemente, sin batir enérgicamente. Este paso es clave: la idea es integrar bien todos los ingredientes, pero sin incorporar demasiado aire. Así se logra una leche asada más entera, de textura suave, cremosa y pareja, evitando que quede excesivamente porosa.
Luego pasar la mezcla lentamente por un colador de malla fina. Este es otro de los secretos de la receta, porque ayuda a eliminar restos de huevo, burbujas y cualquier parte que no se haya disuelto bien. Gracias a esto, la preparación queda más limpia, uniforme y delicada al hornearse.
Verter la mezcla colada sobre la fuente con el caramelo ya frío o tibio.
Hornear a temperatura suave, idealmente entre 160 °C y 170 °C, durante 60 a 80 minutos aproximadamente.
Si el horno es más suave, se puede usar hasta 180 °C, pero evitando temperaturas demasiado altas para que la leche asada no se arrebate, no quede amarga y no pierda cremosidad.
La leche asada estará lista cuando los bordes se vean firmes y el centro tenga apenas un leve movimiento, pero ya no esté líquido.
Para una leche asada más suave, pareja y menos porosa, se puede hornear a baño María.
Para hacerlo, poner la fuente de la leche asada dentro de una bandeja más grande con agua caliente, cuidando que el agua llegue aproximadamente hasta la mitad de la fuente.
Esta opción ayuda a que la cocción sea más lenta y uniforme.
Dejar enfriar a temperatura ambiente y luego refrigerar por al menos 4 horas antes de servir.
Para mejor textura y sabor, lo ideal es dejarla reposar de un día para otro.
Leche asada casera, cremosa y con caramelo doradito. El secreto está en mezclar con calma, colar bien y hornear lento.
Con huevitos frescos de campo de La Gallinita de Antonia, queda simplemente maravillosa.
Huevos frescos de campo de La Gallinita de Antonia.
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